Hambre. El genocidio silencioso

(per Eduardo Luque. El Viejo Topo. Mataró. Febrer 2010.)

No hemos salido aun de la prehistoria. Cuando Marx hizo esta afirmación, intuyó de forma magistral algunos de los procesos que enfrentamos en la actualidad. Somos prehistoria de un tiempo que se define en su postmodernidad. Somos casi 7.000 millones de habitantes en un pequeño planeta donde 4.000 millones viven por debajo de la línea de la pobreza. Sobreviven, si podemos llamarlo así, con menos de 30 $/mes. Es decir: un dólar diario.

“Si el gobierno no puede bajar el coste de la vida simplemente tiene
que irse. Si la policía y las tropas de la ONU quieren dispararnos, que
lo hagan porque, a fin de cuentas, si no nos matan con balas moriremos
de hambre”.
Un manifestante en Port-au-Prince, Haití.

En el 2015 seremos 8.000 millones, en el 2050 superaremos los 11.000. El capitalismo de siempre, revestido ahora con los nuevos oropeles del Neoliberalismo, ha dictado sentencia: en los próximos años centenares de millones de seres habrán de desaparecer. Son lo que la boca de Zygmund Baumann recrea con el nombre de los Prescindibles. La sociedad postmoderna ha pasado de estar regida por la ética del trabajo a otra definida por la estética del consumo. Los individuos arrojados del paraíso, al no poder consumir, caen en las fauces de la marginalidad en los países desarrollados o, sencillamente, mueren en los demás. El capitalismo se apresta a suprimir a estos centenares de millones de excluidos no consumidores. Zonas geográficas cada vez más extensas, continentes enteros, han entrado en esta terrible vorágine. Hoy los pequeños productores agrícolas africanos, latinoamericanos o asiáticos, mueren de hambre sobre tierras fértiles y productivas.

La inanición y la desesperación de tantos nos afectan cada vez menos; pero no como el terrorismo, el cáncer u otras enfermedades. El hambre sí hace distinción de clases, sólo alcanza a los miserables. Por ello las sucesivas cumbres al más alto nivel pueden ser boicoteadas por los mandatarios occidentales: la última de ellas se celebró en noviembre del 2009 y contó con la ausencia de todos los presidentes de los países ricos. El hambre no está en la agenda de los poderosos, es ante y sobre todo un problema político. Una mayor producción no solucionará el problema. Los estudios de la FAO y otras agencias internacionales reafirman la posibilidad de alimentar a 12.000 millones de personas con 2.700 calorías/día, con la producción actual. En cambio los 1.200 millones de desposeídos del 2010 ingieren el equivalente a 300 cal/día (dos manzanas). Para Jean Ziegler: “Quién muere de hambre es víctima de un asesinato”.[1]

El hambre mundial no es sólo fruto de una mala climatología o la falta de inversiones. Es consecuencia de una política deliberada. Los países ricos de la OCDE gastaron el año pasado 375.000 millones de dólares en subvencionar a sus productores agropecuarios. Se destinaron billones a reflotar los bancos quebrados. Esto revela que no estamos frente a un problema de recursos, sino de prioridades ante el derecho a la existencia. El caso del gobierno canadiense es uno de los más sangrantes, aunque no el único: en el ejercicio fiscal del 2008 subvencionó con 250$ a cada productor de cerdos que sacrificara y enterrara a los animales para restablecer un nivel de precios adecuado. Otros países como EEUU sencillamente no han aceptado que el derecho a la alimentación esté reconocido como un derecho humano.

Las potencias económicas occidentales son conscientes de la gravedad de la situación. La seguridad alimentaria mundial se coloca en el mismo plano que el terrorismo. La FAO, en su último informe[2] publicado en vísperas de la Cum bre Mundial sobre Seguridad Alimentaria[3], señaló que la inseguridad alimentaria afectará el año que viene a 31 países. Terrible sarcasmo, la cosecha del 2008 fue la mejor en cereales de la historia de la humanidad, la del 2009 es igualmente excelente. A pesar de ello, las crisis sociales debidas a la hambruna no se aminorarán. Desde la fron tera con Mé xi co hasta Cisjor dania, desde el Sahel hasta las ciudades euro peas; con esos muros invisibles, se parando la riqueza de la miseria, como acertadamente describía Italo Calvino[4], el problema de la mal nutrición se está convirtiendo en un problema endémico al mismo sistema. La respuesta policial y militar se agudizará, en un intento tan desesperado como inútil de poner puertas al mar.

Nos enfrentamos así a la conjunción de una tormenta perfecta: incremento de los precios de los alimentos y la energía, transformación de grandes extensiones fértiles en zonas de producción intensiva de agrocombustibles, desplazamientos masivos de población… El fracaso de la Cumbre sobre el Cambio Climático en Copenhague es el último eslabón en la cadena de tensiones. Los informes científicos más ajustados vislumbran un horizonte donde el incremento de las temperaturas lanzará a los brazos de la hambruna a más de 100 millones de personas/año; otros cálculos menos pe simistas vislumbran una aumento en 540.000.000 en la próxima década. El hambre es una realidad estructural al propio sistema. Asistimos a una crisis alimentaria global. Una crisis posmoderna donde el mercado global se queda pequeño frente a la demanda planetaria.

Una muerte silenciosa
Hoy los grandes inversores, dirigen sus miradas hacia la Bolsa de Materias Primas Agrícolas de Chicago (Chicago Commodity Stock Exchange). La liberación de capitales promovida por la crisis especulativa inmobiliaria se orienta hacia la compra de cereales en prevención de incremento en los precios. Hace pocas semanas la Societé Général francesa, uno de los grandes bancos del país galo, recomendaba a sus inversores dirigir sus miradas a la bolsa de materias primas (oro y alimentos sobre todo): se alborean enormes be neficios. En los últimos años, la compra de enormes extensiones de terreno para producir agrocombustibles ha permitido que las grandes compañías se hicieran con más de 40 millones de hectáreas, desde Indonesia hasta las selvas brasileñas. El despojo de los agricultores autóctonos es la condición necesaria; el hambre y la depauperación, la consecuencia inmediata. En Haití, parte de la población más po bre se alimenta de tortas de barro mezclado con aceite vegetal para aplacar los retortijones del hambre: el 28% de los niños padece hambre crónica. En Guatemala, la ci fra es igualmente dramática: supera el 25%. El 17 de di ciembre pasado, la Ofi cina de Coordinación de Asuntos Hu ma nitarios de la ONU lanzaba un dramático llamamiento: en ese país, auténtico paraíso del onegedismo internacional (sobre todo cristiano-americano), serán 410.000 personas, de ellas 100.000 niños, las que pasarán hambre el próximo año. La pérdida de tres cosechas consecutivas a cau sa de la sequía ha sido efecto del cambio climático. Mien tras la antigua United Fruits Company hoy Chiquita Brands atesora más de 80.000 Ha dedicadas a la producción intensiva de plátano y piña tropical para exportación. Los indígenas mayas denuncian un nuevo genocidio contra su pueblo: el hambre se ceba en las comunidades indígenas históricamente desposeídas de la tierra. Es el segundo genocidio ra cial (el primero, en la década de los 80, dejó más de 250.000 muertos a manos del ejército), hoy esa cifra se multiplicará pero lo hará de forma “natural”: la muerte por hambre es una muerte silenciosa. Entre septiembre y finales de noviembre de este año el gobierno del presidente Álvaro Colom, reconocía la muerte por inanición de 560 niños sólo en la zona del Petén. A esta crisis se les unirán 150.000 hondureños afectados también por la sequía.

En África, la República del Congo es el país que encabeza el terrible ranking del hambre mundial con el 75% de su población desnutrida; le siguen Somalia (71%) y Burundi (70%). Níger agotará sus reservas de cereales antes del mes de abril; faltarán cuatro meses para la nueva cosecha. Estos países son grandes exportadores de café, cacao, fruta tropical, minerales, diamantes, coltán y petróleo. Sus enormes riquezas naturales los convierten en terriblemente míseros. En Sudán la terrible sequía mata a decenas de miles de cabezas de vacuno, las cosechas de maíz y arroz se pierden. En la orilla del Nilo, sin embargo, con agua en abundancia, se crían piñas tropicales para las mesas de la Navidad occidental. En Egipto la construcción del canal de Tushka, llamado “segundo Nilo”, un canal artificial de casi 1.000 km, proveerá de fruta y verdura ecológica las mesas inglesas y alemanas. La población se sublevó en el 2007 y 2008 por el incremento del precio de los alimentos: el gobierno había retirado las subvenciones a la harina, imposición del FMI como contrapartida a la financiación del nuevo canal. Jo seph E. Stiglitz, antiguo directivo del BM, denuncia en varios de sus escritos estas prácticas[5]. En Asia y Oriente Me dio serán Afganistán con el 72% de su población desnutrida e Iraq con el 56% los países más afectados respectivamente. La desnutrición ya no es sólo específica de África o Latinoamérica; en la rica Europa países del centro como Albania, Serbia, Montenegro o Rumania la padecen. La adopción del modelo de capitalismo más extremo ha empujado a una parte cada vez más significativa de la población a los límites de la hambruna, sobre todo en los países exsocialistas, que han visto reducida la esperanza de vida de su población en más de una década.

Los fondos comprometidos por los países ricos para situaciones de catástrofe alimentaria se han reducido. El Programa Mundial de Alimentos afronta un grave déficit presupuestario. De un total de 4.585 millones de euros presupuestados para el 2009, se desembolsarán únicamente 1.779 millones de euros: el hambre no es una prioridad política.

Caminando hacia el precipicio
Otro factor desestabiliza el mercado de alimentos. El aumento de las plantaciones para producir etanol y otros carburantes, retrae campos a la producción de alimentos. En estos momentos el 30% de la cosecha de maíz norteamericana, el mayor productor del mundo, se dedica a la producción de combustibles para automóvil. Eso provocó en el 2007 la revuelta de las tortillas en México, al encarecerse el precio de la harina de maíz en un 200%. La sustitución de alimentos por agrocombustibles se potencia especialmente desde la UE. El 14 de mayo del 2008, la canciller alemana Angela Merkel, presidenta de la turno de la Unión Europea, suscribía un acuerdo que obligaba a que los automóviles fueran impulsados en un 10% por biocombustible; la previsión era que en el 2009 se alcanzara el 20%. En el mundo se fabrican 80 millones de coches/año de los cuales sólo 60 son vendidos, generándose por tanto un stock de 20 millones anuales. La progresiva escasez de los combustibles fósiles generará nuevos nichos de negocio para la industria automovilística. En pocos quinquenios millones de coches inservibles o ineficientes energéticamente habrán de ser sustituidos por otros nuevos movidos por agrocombustibles. Es una loca carrera hacia el precipicio. Para obtener 36,32 litros de etanol se precisa media hectárea de maíz, para llenar un depósito necesitaremos casi 1 hectárea. ¿Cuántas personas estamos condenando a muerte cuando llenamos el tanque de combustible? Brasil, tras el acuerdo del 2008 con la UE, incrementará la producción de etanol plantando caña de azúcar en terrenos arrebatados a la selva. La desforestación es la consecuencia, como denuncian Vía campesina y el MST. La reducción de las selvas amazónicas incrementará el efecto invernadero. Brasil consumió, en el 2008, 16.500 millones de litros de etanol utilizando para ello 2,75 millones de hectáreas; el 50% de la producción de caña. En estos momentos es el tercer país del mundo en emisiones de efecto invernadero, de ahí la posición del presidente Lula en la pasada cumbre del Clima alineándose con las posturas irracionales de Europa, China o EEUU.

El Neoliberalismo impone por doquier sus soluciones; mantendrá el desarrollo de la agricultura industrial intensiva, imponiendo el abandono de la producción nacional. Se potenciarán los productos destinados a la exportación a países ricos, incentivando cada vez más a los países pobres a la producción de cultivos industriales, sobre todo para producir biocombustible. Se promoverá el desperdicio de entre el 40 al 50% de los alimentos en los EEUU y Europa. Por otro lado se está produciendo una concentración oligopólica en torno a la producción y distribución. Cinco grandes compañías del sector agroalimentario y de las finanzas controlan la bolsa de Chicago. La empresa ADM (The Archer Daniels Midland Company), por ejemplo, controla el 30 por ciento del mercado de etanol en Estados Unidos, mientras que Cargill, que reconocía en el 2008 unos beneficios de 1.030 millones de dólares, o Bunge, buscan consolidarse en los mer cados latinoamericanos. Monsanto y Dupont Agricul ture and Nutrition son dos más de las grandes compañías exportadoras de semillas manipuladas genéticamente.

Las trasnacionales de semillas y agrotóxicos, las mismas que nos han castigado con los transgénicos, ya están ganando con la nueva crisis agrícola pero, además, se aprovecharán de la ineficiencia de los agrocombustibles para desarrollar cultivos transgénicos que nos prometen serán más efectivos.

El fracaso de las dos cumbres, la Cumbre Mundial sobre Seguridad Ali mentaria y la Cumbre contra el Cambio Climático, no son producto de un triste azar. Estas cumbres internacionales demuestran de forma evidente la inviabilidad de este sistema económico, incapaz de proporcionar una vida digna a los seres humanos. Son cumbres que, leídas más allá de la retórica hueca de los discursos, cuestionan las bases mismas del sistema. Por ello son boicoteadas una y otra; por ello son incapaces de obtener resultados tangibles. Sólo la voz de los países ligados al ALBA ha sido como una bocanada de aire fresco. Están demostrando entre otras cosas que es posible abolir la miseria extrema. Sus avances sociales a pesar de los mínimos de los que partían, señalan la solución al problema. Venezuela ha sido el primer país del mundo en cumplir los Objetivos del Milenio, con 8 años de adelanto y muy por encima de los objetivos firmados. Bolivia está implementando programas sociales para erradicar la miseria con considerable éxito. Ecuador está escapando de la extrema miseria. Cuba es un ejemplo hace muchos años de erradicación del hambre. Pero el capitalismo opta por la vía de la profundización del conflicto.

¿Se está planificando, como afirman muchos científicos, el exterminio masivo de millones de seres humanos?

Notas
1. El autor Jean Zigler fue relator de las NNUU contra el hambre.
2. “Perspectivas de cosechas y situación alimentaria”.
3. Se celebró en Roma entre el 16 al 18 de noviembre del 2009.
4. Calvino, Italo. Le Città invisibili. Torino, Einaudi, 1977.
5. Stigliz E. Joseph. Los felices 90. La semilla de la destrucción. Santillana, Madrid, 2005.

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